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Miércoles 22 mayo 2013

22 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

UN  ALMUERZO  PERDIDO

 

LEA: Juan 4:27-38
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. —Juan 4:34

Para mí, la comida es más que una necesidad; ¡es una parte de la vida que disfruto enormemente! Me encanta sentarme a comer un plato bien preparado, en especial, cuando tengo mucha hambre. Me imagino que los discípulos estaban hambrientos cuando volvieron al pozo donde Jesús estaba hablando con la mujer samaritana. Le rogaron: «Rabí, come» (Juan 4:31). ¿Qué respondió Él?: «Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis» (v. 32), lo cual hizo que se preguntaran si alguien ya le había llevado algo para comer (v. 33).

Me pregunto si los discípulos estaban tan preocupados por la comida que no pudieron percibir lo que sucedía. No entendieron lo que pasaba junto al pozo. Para Jesús, lo más importante era «[hacer] la voluntad del que me envió, y [acabar] su obra» (v. 34). Estaba concentrado en las necesidades espirituales de esa mujer que precisaba desesperadamente lo que solo Él podía darle.

Es fácil preocuparse por las necesidades del momento. Sin embargo, Cristo nos invita a ir más allá de nuestros intereses —nuestro «pequeño almuerzo»— y abrir los ojos ante el alma de aquellos que buscan respuestas para sus necesidades más profundas.

Entonces, únete a Jesús junto al pozo y permite que te utilice para contarles a otros sobre el alimento espiritual que únicamente Él puede dar.

Ansía satisfacer las necesidades de quienes te rodean.

Martes 21 mayo 2013

21 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

¿ABANDONADO?  JAMÁS

 

LEA: Isaías 49:13-16
… yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida… —Isaías 49:15-16

Hace años, mientras mi esposo y yo visitábamos el Museo Smithsoniano del Aire y el Espacio, en Washington, Estados Unidos, vimos que había un cochecito de bebé sin nadie cerca. Supusimos que los padres lo habían dejado allí y que estaban acarreando a su hijo en brazos, pero, cuando nos acercamos, había un bebé durmiendo. ¿Dónde estaban los padres… algún hermano… una niñera? Nos quedamos allí un rato antes de llamar a un empleado del museo. ¡Nadie aparecía para reclamar al precioso niño! La última vez que lo vimos, estaban llevándolo en su cochecito a un lugar seguro.

Esa experiencia me hizo pensar en cómo será sentirse abandonado. Es una sensación tremenda que nadie se preocupe por uno; un sentimiento terriblemente doloroso. Pero aunque la gente nos abandone, el amor y la presencia de Dios están asegurados. Él promete que nunca nos dejará (Deuteronomio 31:8), que estará con nosotros dondequiera que vayamos, «todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).

El Señor nunca dejará de cumplir lo que les prometió a sus hijos. Aunque los demás nos hayan abandonado, podemos confiar en su promesa de que nada «nos separará del amor de Cristo» (Romanos 8:35-39).

La confianza en la presencia de Dios es nuestro consuelo.

Lunes 20 mayo 2013

20 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

UNA  SALVACIÓN  SEGURA

 

LEA: Romanos 10:8-15
Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. —Romanos 10:9

Se cuenta que la Reina Victoria de Inglaterra se conmovió profundamente durante un culto en una iglesia. Después, le preguntó al capellán: «¿Puede uno estar absolutamente seguro en esta vida de la salvación eterna?». Él no supo responderle, pero un evangelista llamado John Townsend se enteró de la pregunta de la reina y, después de orar mucho, le envió una nota: «Con manos temblorosas, pero con un amor profundo, y porque sé que podemos estar absolutamente seguros hoy de nuestra vida eterna en el hogar que Jesús fue a preparar, ¿podría solicitar a su amabilísima Majestad que leyera los siguientes pasajes de las Escrituras: Juan 3:16; Romanos 10:9-10?».

Dos semanas después, el evangelista recibió esta carta: «… En oración y cuidadosamente, he leído las porciones de las Escrituras que mencionó. Creo en la obra consumada de Cristo a mi favor y, por la gracia de Dios, confío en que lo encontraré a usted en aquel hogar del cual el Señor declaró: “voy, pues, a preparar lugar para vosotros”». —Victoria Guelph

Townsend estaba convencido de que, en esta vida, podemos tener seguridad de la salvación eterna (v. 9), y le interesaba que otros también la tuvieran. Considera qué significan Juan 3:16 y Romanos 10:9-10 en cuanto a tu destino eterno. Dios desea asegurarte que tu pecado ha sido perdonado y que, después de que mueras, estarás para siempre con Él.

Las vidas arraigadas en la gracia inmutable de Dios nunca pueden ser desarraigadas.

Viernes 17 mayo 2013

17 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

EL  BRAZO  PODEROSO  DE  DIOS

LEA: Éxodo 6:1-8
… os redimiré con brazo extendido… —Éxodo 6:6

Mi amiga Joann deseaba profundamente convertirse en concertista de piano, y viajar y tocar como solista o acompañante. Mientras estudiaba en la universidad para obtener su título, desarrolló una tendinitis en el brazo derecho, lo cual hizo que perdiera fuerza y no pudiera cumplir con el recital obligatorio como solista. Entonces, terminó graduándose como profesora de historia y literatura de la música.

Ella había aceptado a Cristo como Salvador, pero estuvo rebelada contra Él durante varios años. Más tarde, otras circunstancias difíciles hicieron que sintiera que el Señor estaba buscándola, y volvió a Él. Con el tiempo, su brazo recuperó la fuerza y pudo cumplir su sueño de viajar y tocar el piano. Declara: «Entonces, pude tocar para la gloria de Dios y no la mía. Su brazo extendido restauró mi vida espiritual y la fuerza en mi brazo para permitirme servirlo con el talento que Él me dio».

El Señor le prometió a Moisés que su brazo extendido rescataría a los israelitas de la esclavitud en Egipto (Éxodo 6:6), y cumplió su promesa a pesar de las dudas de su pueblo, a menudo rebelde (14:30-31). El brazo poderoso de Dios también se extiende hacia nosotros. Independientemente del resultado de lo que estemos atravesando, podemos confiar en que Él cumplirá su voluntad en cada uno de sus hijos. Podemos depender del brazo poderoso de Dios.

Con la fortaleza de Dios detrás de ti y sus brazos debajo, puedes enfrentar todo lo que esté por delante.

Jueves 16 mayo 2013

16 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

OYE,  LO  SIENTO

LEA: Mateo 5:21-26
… reconcíliate primero con tu hermano… —Mateo 5:24

Mi yerno Ewing y yo asistimos a un evento deportivo, y nos encantó ver el partido y a la gente que nos rodeaba.

Una de esas personas mostró ambos lados del ser humano: lo bueno y lo malo. Aparentemente, no podía encontrar su asiento. Mientras lo buscaba, se paró justo entre nosotros y el campo de juego. Un hombre que estaba sentado delante de nosotros tampoco podía ver, entonces, le dijo: «¿Podría moverse? No podemos ver».

El hombre perdido respondió sarcásticamente: «Qué problema, ¿no?». Un segundo pedido recibió una respuesta similar, pero más acalorada. Por fin, se movió. Pero después llegó la sorpresa. Volvió y le dijo al hombre al que le había contestado mal: «Oye, lo siento. Estaba molesto porque no podía encontrar mi asiento». Se dieron la mano y el incidente terminó bien.

Ese episodio me hizo pensar que, mientras vamos por la vida luchando para encontrar nuestro lugar, las situaciones pueden frustrarnos e inducirnos a contestar de una manera que está lejos de reflejar a Cristo. Si es así, debemos pedirle a Dios que nos dé valor para disculparnos con aquellos a quienes hemos ofendido. Según Jesús, nuestra adoración depende de esto (Mateo 5:23-24).

Honramos a Dios cuando priorizamos la reconciliación con los demás. Después de reconciliarnos, podemos disfrutar plenamente la comunión con nuestro Padre celestial.

La confesión de pecado es el terreno donde florece el perdón.

Miércoles 15 mayo 2013

15 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

CORDONES  BIEN  ATADOS

LEA: Josué 7:1-12
Sin embargo, […] Acán […] guardó para sí parte del botín… —Josué 7:1 nvi

Las acciones de una persona pueden afectar a un grupo completo. Esta verdad se transformó en una realidad para el periodista Sebastián Junger cuando siguió a un pelotón de soldados. Junger observó que un soldado se arrimó a otro que arrastraba los cordones de las botas por el suelo. No lo encaró porque le preocupara su aspecto, sino porque los cordones desatados ponían en peligro a todo el grupo. Probablemente, trastabillaría y se caería en un momento crucial. El periodista se dio cuenta de que el problema de uno afecta a todos.

Acán tenía «los cordones de las botas desatados», y su historia nos enseña que el pecado nunca es algo privado. Después de la gran victoria en Jericó, Dios instruyó específicamente a Josué sobre qué hacer con la ciudad y el botín (Josué 6:18). El pueblo debía abstenerse de tomar lo «destinado al exterminio», y poner todo el oro y la plata porque le «pertenecen al Señor» (vv. 18-19 nvi). Pero desobedecieron la orden (7:1). Lo interesante es que no todo Israel pecó, sino solamente una persona: Acán. Pero sus acciones afectaron a todos y deshonraron a Dios.

Como seguidores de Cristo, nos pertenecemos los unos a los otros, y nuestro comportamiento personal puede impactar a todo el cuerpo y afectar el nombre del Señor. «Atémonos los cordones» para que, en forma individual o conjunta, honremos a Dios como Él merece.

Los pecados privados tendrán inevitablemente consecuencias públicas.

Martes 14 mayo 2013

14 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

UN  CAMBIO  TOTAL

LEA: Lucas 2:41-52
Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. —Lucas 2:52

Crecí en un pueblo pequeño, sin gente famosa ni calles transitadas, y con poco que hacer. Sin embargo, siempre he estado agradecida por mi crianza tranquila y sin complicaciones.

Una noche, mientras mi esposo y yo asistíamos a una cena de negocios, una mujer que acabábamos de conocer me preguntó de dónde era. Cuando se lo dije, preguntó: «¿No te avergüenza reconocerlo?». Como no sabía si estaba bromeando, simplemente respondí: «No».

Aunque a mi pueblo a veces lo despreciaban por su falta de refinamiento, tenía cosas importantes. Mi familia formaba parte de una comunidad cristiana en la cual los padres criaban a sus hijos «en disciplina y amonestación del Señor» (Efesios 6:4).

Jesús también creció en un pequeño pueblo: Nazaret. Un hombre llamado Natanael preguntó: «¿De Nazaret puede salir algo de bueno?» (Juan 1:46). Jesús demostró que la respuesta es «sí». Aunque creció en un lugar insignificante, fue la persona más importante de la historia.

La experiencia me ha enseñado (y las Escrituras lo confirman) que lo importante no es dónde crecimos, sino cómo lo hemos hecho. A veces, nos sentimos insignificantes en comparación con personas refinadas procedentes de lugares destacados. Pero para Dios, somos importantes, y Él puede fortalecer nuestro espíritu y llenarnos de su sabiduría.

Aquello que llegamos a ser es más importante que nuestro lugar de procedencia.

Lunes 13 mayo 2013

13 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

DÍA  DEL  TULIPÁN

LEA: Mateo 6:25-34
Considerad los lirios del campo, […] pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. —Mateo 6:28-29

Muchos países celebran el Día del Tulipán para dar la bienvenida a la primavera. Cuando pienso en los tulipanes, suelo asociarlos con Holanda, pero el cultivo comercial de esta flor empezó en Medio Oriente. En la actualidad, se cultivan en todas partes. Se calcula que unas 109 especies adornan ahora parques, lugares públicos y jardines particulares en todo el mundo.

El otoño pasado, planté algunos bulbos de tulipán y, varios meses después, brotaron con colores brillantes que anunciaban la llegada de la primavera. Me recordaron que el verano se acercaba y que, con él, llegarían más flores para deleitar la vista.

Para mí, las flores son recordatorios maravillosos de la gracia de Dios en nuestra vida. El Señor utilizó los lirios del campo para recordarnos que nuestro Padre celestial suple nuestras necesidades. En su gran Sermón del Monte, declaró: «Considerad los lirios del campo […]; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. […] ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?» (Mateo 6:28-30).

Los tulipanes nos avisan que el invierno terminó y que empieza la primavera. Pero como sucede con los lirios del campo, también nos hacen recordar a Aquel de quien podemos depender para la provisión de alimentos, ropa y morada.

Si Jesús se ocupa de las flores y los pájaros, sin duda, se ocupa de ti y de mí.

Viernes 10 mayo 2013

10 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

 

CON  ANSIAS  DE  ANIMAR

LEA: Efesios 3:14-21
Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. —Efesios 3:19

La primera vez que jugaba en la liga de béisbol juvenil, un muchachito del equipo al que yo entrenaba recibió un golpe en la cara con la pelota. No se lastimó, pero quedó comprensiblemente afectado. Durante el resto de la temporada, le tuvo miedo al balón. Partido tras partido, intentaba jugar con valentía, pero parecía no poder pegarle a la bola.

En nuestro último juego, ya sin esperanzas, íbamos perdiendo, y no había nada que aclamar. Entonces, aquel jovencito se levantó para batear. ¡Paf! Para sorpresa de todos, ¡le pegó a la pelota perfectamente! Sus compañeros de equipo se pusieron eufóricos; sus padres y los padres de sus compañeros animaban a viva voz y aplaudían. Aunque todavía perdíamos, ¡yo no dejaba de saltar! Todos amábamos a este muchachito y no parábamos de vitorear.

Me imagino que el Señor también nos alienta en la vida. Nos ama profundamente y desea que seamos «plenamente capaces de comprender […] la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento» (Efesios 3:18-19).

Algunos piensan que el Señor no nos ama y que está esperando que fallemos para castigarnos. Por eso, tenemos el privilegio de contarles sobre su gran amor. ¡Imagina su gozo cuando escuchen que Dios los ama tanto que envió a su Hijo a morir en la cruz por sus pecados y que desea animarlos!.

Las manos clavadas de Jesús revelan el corazón amoroso de Dios.

Jueves 9 mayo 2013

9 Mayo 2013

 

Nuestro Pan Diario

 

«¡PAPÁ,  NO  TE  PREOCUPES!»

LEA: Éxodo 14:19-25
… la gloria del Señor será tu retaguardia. —Isaías 58:8

El verano pasado, mi esposo y yo organizamos un concierto para reunir fondos para una investigación sobre cáncer infantil. Habíamos planeado realizarlo en nuestro patio posterior, pero el pronóstico del tiempo era malísimo. Horas antes del evento, empezamos a llamar a los más de 100 invitados para informarles sobre el cambio de lugar. Cuando nuestros amigos y familiares comenzaron a acarrear comida, adornos y equipos desde nuestra casa hasta el gimnasio de la iglesia a la que pertenecemos, nuestra hija Rosie dedicó un momento para abrazar a su padre y recordarle en nombre de los hijos y los nietos: «¡Papá, no te preocupes! Nosotros te respaldamos».

Escuchar esa expresión brinda consuelo porque nos recuerda que no estamos solos. Alguien está diciendo: «Aquí estoy. Me encargaré de cualquier cosa que pases por alto. Seré tu segundo par de ojos y manos».

Mientras los israelitas escapaban de una vida de esclavitud, Faraón envió su ejército de carros y jinetes para que los persiguieran (Éxodo 14:17), pero «el ángel de Dios […] y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas» (v. 19). De esa manera, Dios los ocultó y protegió durante la noche. Al día siguiente, dividió el Mar Rojo para que pudieran cruzarlo sin peligro.

El Señor también nos dice que no nos preocupemos, ya que «si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Nuestra tarea es despreocuparnos; ¡la de Dios es ocuparse!

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