LUNES, 18 DE JUNIO DE 2012
Nuestro Pan Diario
MIS DOS CENTAVOS
Es triste decirlo, pero tal vez algunas personas en nuestras iglesias encuentren una respuesta impersonal a sus necesidades. Sea que busquen asesoría matrimonial, cuidado infantil, guía para algún adolescente con problemas, o una comunidad amable, les parece que nadie se preocupa por ellos.
La iglesia del primer siglo no era perfecta, pero era fiel al ayudar a los demás. La iglesia en Jerusalén repartía «[sus propiedades y sus bienes] a todos según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:45).
La buena comunicación es el punto de partida para saber las necesidades de los demás. Esto nos permite poder dar ayuda personal y práctica a las personas cuando la necesitan. Los recursos, tanto materiales como espirituales, pueden dirigirse a cada persona como el objeto del amor personal de Dios.





