Lunes 20 septiembre 2010

LOS  DOS  POTRILLOS

Esta es la historia de dos potrillos que eran hermanos y disfrutaban de la vida al aire libre correteando por las praderas. Un día, ambos fueron enlazados y llevados a las caballerizas del rey. Su libertad había terminado. Pronto comenzó un período de estricta disciplina, que para ellos fue un largo y doloroso proceso. Jamás imaginaron que existía tal cosa.

De pronto, uno de ellos se rebeló, y dijo:

Esto no es para mí. Me gusta la libertad, las verdes montañas, los arroyos de agua pura y fresca. Y sin decir nada más, saltó el muro de su encierro y escapó.

Extrañamente, el entrenador no hizo nada para traerlo de vuelta y dedicó todo el tiempo a entrenar al que se había quedado. Fue un adiestramiento eficaz, ya que el potrillo, en obediencia, aprendió hasta los más mínimos detalles que le enseñó su entrenador. Después de un tiempo, estaba listo para la tarea para la cual fue preparado; le colocaron los arneses y lo pusieron en la carroza del rey.

No confundamos la libertad con la independencia. Muchas veces para mantener lo que llamamos “nuestra libertad” lo único que hacemos es apartarnos de nuestra fuente de vida.

Servir a Dios no nos hace perder nuestra libertad, al contrario, es obedeciéndole a Él cuando seremos completamente libres. Lo que sí debemos estar dispuestos a perder es esa independencia egoísta que nos aleja de la voluntad de Dios.

“La verdadera libertad siempre nos acerca a Dios, si por el contrario nos aleja, llámale como quieras, independencia, rebelión… pero por favor no la llames libertad”

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